China se sube al vehículo eléctrico

China aprende técnicas de Occidente, y las adapta a la cultura local. Es el caso de los vehículos eléctricos (VE).

El fin de semana, un alto cargo político de la industria anunció que China también aplicará un calendario al estilo europeo para acabar con "las ventas de coches con motor de combustible". Vaticina "momentos difíciles" debido a ello. Está en lo cierto, se luchará por la escala.

Los problemas de contaminación que sufre el país incentivan la apuesta por el motor eléctrico. Pekín también ve en electrificación una oportunidad para que su industria del automóvil se ponga a la altura de los fabricantes de coches occidentales tradicionales. Según UBS, ya es el mayor mercado mundial de VE, con un 1,2% de las ventas de coches anuales.

El problema de China desde el punto de vista económico es el mismo que el del resto. Bernstein calcula que producir un vehículo mediano con motor de combustión cuesta 15 dólares el kilómetro, frente a los 24 dólares de un VE comparable. La diferencia se debe a la batería, que supone la mitad del coste de un VE. Un motor de combustión representa sólo el 15% de un coche tradicional.

Las ayudas públicas permitieron que los VE resultasen asequibles para los consumidores, y ayudaron a los fabricantes con los elevados costes de fabricación. Pero se está reformando el sistema de ayudas para centrarlo más en cuotas y créditos, lo que traslada una mayor parte del coste a la industria. Los fabricantes de coches han tenido que escoger entre mantener los precios a costa del volumen, o sacrificar los márgenes para conservar cuota de mercado.

Por su parte, los productores occidentales, que han encontrado un mercado muy lucrativo en China, se han mostrado reticentes a apostar por las baterías y los coches híbridos. Temen perder una valiosa propiedad intelectual frente a sus socios. La amenaza de una prohibición total podría hacerles ceder. Al menos poseen la escala para financiar la inversión necesaria.

Los fabricantes de coches chinos aún no son lo bastante grandes para construir coches eléctricos de forma rentable. Cabe señalar que Great Wall, el fabricante que recientemente expresó su interés en comprar Fiat Chrysler, tuvo que dar marcha atrás ante la falta de recursos. En este contexto, la caída del 6% sufrida el lunes por las acciones del fabricante de baterías BYD parece prematura. Puede pasar algún tiempo hasta que los inversores sepan quién ha alcanzado la escala y la competencia tecnológica necesarias para triunfar en un entorno eléctrico.


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